Todo esto lleva a María y Sergio a preguntarse:
"¿Y SI FALLAMOS?"
¡ERROR!
“Nunca se acaba de
comprender. Todo saber auténtico y vivo comporta su halo de bruma y sus zonas
oscuras, por lo que deberíamos dedicar aquí un verdadero elogio a la imperfección. Sólo los conocimientos
académicos que no sirven y los ejercicios basados en la aplicación repetitiva
parecen escapar de esta regla, pero tienen poco que ver con el aprendizaje.”
Siguiendo
este lema, vamos a presentar dos diferentes miradas del error… Escoge cual es
el que te agradaría que se utilice con tus hijos y con vos mismo.
Conductistas
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Constructivistas
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Está
basado en la transferencia al niño, al educando, del condicionamiento animal.
No sólo un condicionamiento “que responda”, al modo de los reflejos
condicionados. Es también un
condicionamiento “operativo” como el que desarrollaron James Watson y Burrhus
Skinner. La idea es que siempre es posible hacer aprender algo por complejo
que sea; desmenuzando los contenidos, reforzando positivamente
cada adquisición parcial con recompensas.
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Los errores no se
consideran faltas condenables ni fallos de programa lamentables: son síntomas
interesantes de los obstáculos con los que se enfrenta el pensamiento de los
alumnos. “Vuestros errores me interesan”.
Vemos ahora como el error
adquiere un nuevo estatus: el de indicador y analizador de los procesos
intelectuales puestos en juego, que no se tienen en cuenta cuando
corregimos con el
rotulador rojo. En lugar de una fijación
en el distanciamiento de la norma, se trata de profundizar en la
lógica del error y de sacarle partido para mejorar los aprendizajes.
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(Jean Pierre Astolfi. Por Brenda Mastrángelo)
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